
La Región de Coquimbo enfrenta una realidad que ya no admite excusas. Las cifras de desempleo son motivo de profunda preocupación y reflejan una economía regional que no logra recuperar el dinamismo que miles de familias necesitan para salir adelante. Detrás de cada punto porcentual hay personas que perdieron su fuente laboral, pequeños emprendimientos que cierran sus puertas y hogares donde la incertidumbre reemplazó a la tranquilidad.
Lo preocupante es que, mientras la crisis se profundiza, la sensación que existe en buena parte de la ciudadanía es la de una preocupante inmovilidad. Las nuevas autoridades regionales parecen haber desaparecido del debate público justamente cuando más se necesitan liderazgo, gestión y capacidad para atraer inversión y generar empleo. Una región no puede administrarse desde la resignación.
El Gobierno no puede seguir actuando como si esta realidad fuera inevitable. Si el Estado ha demostrado que es capaz de destinar recursos extraordinarios y desarrollar planes especiales en determinadas zonas del país por razones de interés público, también debe preguntarse por qué no existe una estrategia de reactivación con la misma urgencia para una región que hoy enfrenta graves dificultades laborales.
La respuesta no puede ser simplemente esperar que el mercado resuelva por sí solo un problema que se agrava mes a mes. Cuando miles de personas buscan trabajo sin encontrarlo, el Estado tiene la responsabilidad de generar las condiciones para que la inversión llegue, las empresas se instalen y la actividad económica vuelva a crecer.
Cada empleo que no se crea tiene consecuencias humanas. Significa familias que reducen su consumo, comerciantes que venden menos, emprendedores que deben cerrar y personas que, lentamente, comienzan a engrosar las estadísticas de pobreza. Esa es la verdadera dimensión del desempleo: no son números, son proyectos de vida que quedan suspendidos.
La ciudadanía no votó esperando un país con más estancamiento económico ni una región resignada a perder oportunidades. Votó esperando cambios concretos, crecimiento, mejores empleos y una gestión pública capaz de responder a las necesidades de las personas. Hoy muchos ciudadanos sienten que esas expectativas siguen sin materializarse.
Gobernar implica asumir responsabilidades, especialmente cuando las cifras son adversas. No basta con explicar las dificultades o atribuirlas exclusivamente a factores externos. También corresponde presentar soluciones, ejecutar proyectos, acelerar la inversión pública y generar un ambiente que incentive la inversión privada.
La Región de Coquimbo necesita mucho más que diagnósticos. Necesita decisiones. Necesita obras. Necesita inversión. Necesita empleo. Y, sobre todo, necesita autoridades que comprendan que detrás de cada cifra de desempleo hay una familia esperando una oportunidad para volver a levantarse.
Porque el tiempo de las explicaciones ya pasó. Lo que hoy esperan los habitantes de la región son resultados.



